El Sótano Maker Online: un Fab Lab en tiempos de restricciones

La Fundación Canaria Yrichen trabaja en Gran Canaria en el ámbito social y educativo. Entre sus proyectos está El Sótano, un espacio maker o Fab Lab donde fabricar, experimentar y aprender haciendo. En otoño de 2020 la fundación planteó a estudiantes universitarios cómo adaptar esa actividad al contexto de restricciones impuesto por la COVID-19.

Un modelo pensado para compartir espacio

Un Fab Lab es, por definición, un lugar físico: impresoras 3D, cortadoras, herramientas de electrónica y, sobre todo, personas trabajando juntas. Su valor está en el aprendizaje entre iguales y en el acceso compartido a máquinas que nadie tendría en casa. Las restricciones de aforo y contacto atacaban directamente esa esencia.

Qué significa «maker online»

Trasladar un espacio maker a internet no consiste en grabar tutoriales. Las alternativas que han funcionado en otros lugares combinan varias estrategias:

  • Kits que los participantes reciben en casa y montan siguiendo sesiones en directo.
  • Fabricación bajo demanda: el participante diseña en remoto y el laboratorio fabrica.
  • Turnos reducidos y reservables para el uso presencial de las máquinas.
  • Comunidades en línea donde compartir proyectos y resolver dudas entre pares.

La dimensión social

Para una fundación con vocación social, el reto tenía una capa adicional: no dejar fuera a quienes no tienen buena conexión, ordenador o espacio en casa. Cualquier solución en remoto debía tener en cuenta esa brecha digital, que en 2020 se hizo especialmente visible.

Lo que enseña el caso

El Sótano Maker Online muestra cómo la innovación abierta puede ayudar a una entidad del tercer sector a repensar su servicio en un momento de crisis, apoyándose en estudiantes que conocen bien las herramientas digitales.

Consulta el archivo de retos en Canarias para ver cómo otras entidades se adaptaron a 2020.

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