Desde 2015, los programas de innovación abierta entre universidades y entidades canarias han acumulado alrededor de un centenar de retos. Revisando los casos que hemos analizado en este sitio, aparecen algunas lecciones que sirven para cualquier organización que quiera trabajar así.
1. La diversidad del equipo es el activo principal
Los equipos mezclan estudiantes de grado, máster y doctorado de ambas universidades públicas y de disciplinas muy distintas. Ese cruce es lo que produce ideas que la entidad no habría tenido sola.
2. El formato online funcionó mejor de lo esperado
En 2020 los retos pasaron a desarrollarse íntegramente en línea. Lejos de ser un obstáculo, permitió formar equipos con estudiantes de Tenerife y Gran Canaria sin importar dónde estuviera la entidad que planteaba el reto.
3. Repetir es buena señal
Una parte importante de participantes repite la experiencia; en la edición de primavera de 2020 se habló de un 45 %. Entre las entidades también hay repetidoras, como Canaragua, que en 2020 participaba por tercera vez.
4. Los retos sociales funcionan tan bien como los tecnológicos
Igualdad en pymes, acceso a la cultura, educación infantil o divulgación científica comparten archivo con predicción marina o auditoría alimentaria. El método es el mismo: una pregunta abierta, exploración, prototipo y validación con la entidad.
5. El valor está en lo que se hace después
Una demo de ocho semanas es un punto de partida. Las entidades que más aprovechan el proceso son las que llegan con una idea clara de qué harán con el resultado.
Puedes recorrer cada caso por separado desde la portada del archivo.
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